Begoña Blanco Busquets

Begoña Blanco Busquets nació en Cabra, Tarragona, el 11 de octubre de 1906 y murió en la ciudad de Barcelona el 21 de noviembre de 1998. Sin embargo, pasó la mayor parte de su vida exiliada en Santiago de Chile adonde llegó a fines de la década de los cuarenta. Motivos familiares (una agobiante y agotadora lucha por la custodia de su hija Elvira) y su amistad con Odilia Mestre, detenida hasta 1946 en el presidio de Saturrarán, retrasaron su partida de la España franquista.

Begoña Blanco fue pionera de los estudios sobre la representación de la sexualidad femenina en la literatura española e hispanoamericana en un tiempo en que tal disciplina ni tan siquiera tenía un nombre propio y mucho menos un departamento especializado en los claustros universitarios. Siempre independiente e iconoclasta, Begoña Blanco Busquets (BBB, como era conocida entre sus amigos) fue una rara avis en el mundo académico santiaguino de esos años. Su prosa, escueta, precisa y vigorosa, mostraba una disciplina y una erudición para nada comunes y le hizo ganar muchos adeptos y seguidores (quizás deba decir seguidoras), pero también se ganó un puñado fastidioso y recalcitrante de enemigos acérrimos, disgustados por su indomable espíritu libre que, entre muchas otras cosas, le hacía "invadir", con nuevas luces e ideas, cotos de investigación reservados a los sabihondos de siempre, ensimismados con sus ideas de sobra ya apolilladas.

Siempre más una maestra que una publicista de sí misma, Blanco marcó con su influencia y energía a un buen número de investigadoras y practicantes de principios de los setenta, por más que muchas de ellas hayan debido llevar a cabo su labor —como antes Blanco— también en el exilio, paradojalmente algunas de ellas en la España postfranquista, y muchas otras en Suecia, Canadá y también en Estados Unidos.

Begoña Blanco dejó un buen número de trabajos inéditos y numerosas hojas sueltas (las más antiguas son sobrevivientes del incendio que la policia secreta pinochetista provocó en su casa de Peñalolén) las que alguna vez alguien tendrá que darse la tarea de organizar y sistematizar. Aunque, bien pensado, quizás esto último puede que iría en contra de los más profundos deseos de la catalana. Siempre enemiga de trabas y de cortapisas dogmáticas impuestas de antemano, no por nada, hacia el final de su vida académica, Blanco estaba entusiastamente explorando lo que en una ponencia que a fines del 73 leyó en un congreso celebrado en la Universidad Austral de Valdivia, llamó la cautivante y vigorizadora libertad del azar.