Monche y Viviana

Fragmentos del diario de Monche.

Temuco, agosto - diciembre, 1969.

anejas

—Me gustó, Viviana. Te prometo que volveré pronto.

—¿Quieres más?

—¿Ahora? ¿Puedo?

—Dame un beso.

—¿Así?

—Ni que fueras una niña de la secundaria. Abre más los labios, tonta.

—Monche, ¿no quieres que te devuelva tu diario ahora? Puedo buscarlo.

—No. Me lo has tenido tú guardado ya por tanto tiempo. Mejor te quedas tú con él.

Monche y Viviana.
Caburga, 24 de junio de 1986;
la noche de San Juan, que es también
We Tripantu, el Año Nuevo mapuche.

Miércoles 27 de agosto, 1969

Este viernes es la fiesta. La mamá de Viviana nos dejó que la hagamos en su casa. ¡Es tan buena onda! Mi mamá me ayudó a elegir mi ropa. Es toda de seda tosca, pero de colores brillantes y vivos. Una falda larga plisada y con mucho vuelo, color verde claro subido, una blusa anaranjada con mangas de vuelos y con los puños ceñidos con cuatro botones a cada lado, cuello abierto de puntas largas, cuerpo ajustado, con veintiocho botones azules en el frente y un pañuelo morado para mi cabeza. No pude convencerla a que me dejara no usar mi corpiño, pero creo que cuando llegue a la casa de Viviana me lo voy a quitar de todas maneras. Tengo cutex rojo para pintarme las uñas de los pies y voy a ponerme las sandalias azules que mi mamá me regaló el verano pasado o, si no, apenas empecemos a bailar, me las quito y bailo descalza. Me encanta, definitivamente parezco una gitana. Aníbal me aseguró que viene Gustavo. ¡Estoy tan entusiasmada! Quiero tanto a Viviana: es mi mejor amiga.

Jueves 28 de agosto, 1969

Día terrible en la clase de matemáticas. No entiendo las ecuaciones y Labarca me toqueteó las rodillas de nuevo mientras revisaba mi cuaderno. ¡Es tan fresco! Mi papá no estuvo en todo el día en casa y mi mamá llegó tarde. Comí un sandwich de jamón y un paquete de papas chips. Tengo que estudiar para una prueba de inglés y mañana es mi fiesta. Le pregunté de nuevo a Aníbal, si venía Gustavo. ¡Sí, viene, viene!

Viernes 29 de agosto, 1969; tarde en la noche

¡Qué desilusión! Gustavo fue a la fiesta, pero se pasó todo el tiempo conversando con Aníbal. A mí apenas me dio un abrazo. Me quedé tan triste que ya casi lloraba, pero igual bailé; me encanta esa música, igual me encanta mi vestido; me tomé dos piscolas y al final mi fiesta estuvo a la pinta. Viviana me regaló el long play “La Paloma” de Joan Manuel Serrat que trae “Poco antes que den las diez.” ¡Ay!! Mírame, mírame, Gustavo, alísame tú mi pelo, mi falda también. Quise ponerlo en el tocadiscos del living cuando llegué, pero mi papá empezó a gritarme. Lo voy a escuchar mañana cuando él no esté, no vaya a ser que se espante con la letra. Gustavo, mira, mírame, miramé.

Sábado 30 de agosto, 1969

Gritos y peleas todo el día. Mi papá debe haberle pegado otra vez a mi mamá, porque en la tarde cuando volví de ir a ayudar a Viviana a limpiar la casa todavía tenía roja la cara. Desperté más triste hoy. Gustavo, Gustavo, ¿por qué no hablaste anoche conmigo? ¿Por qué? ¿Por qué?

Domingo 31 de agosto, 1969

Anoche mi mamá estuvo enferma, se cayó en la cocina y después vomitó en el baño. Tuve que limpiar. Odio cuando está tan borracha.

Miércoles 3 de septiembre, 1969

Viviana y yo escuchamos el disco de Serrat un montón de veces y estuvimos de acuerdo en que “Tu nombre me sabe a hierba” es mejor que “Antes que den las diez.” Labarca me enseñó un método más fácil para resolver las ecuaciones hoy. Estuvo bien tierno conmigo y no intentó tocarme ninguna sola vez. Gustavo vino a ver a Aníbal y estuvieron toda la tarde encerrados en la pieza. Cuando se fue me quería dar un beso en la mejilla, pero yo moví mi cara y casi me dio un beso en la boca. Creo que estoy más enamorada que nunca.

Viernes 5 de septiembre, 1969

Viviana piensa que Gustavo es muy mayor para mí, pero a mí me gusta como es y no me importa que ya tenga 22 años. Me saqué un 6.5 en mi prueba* de matemáticas y en una esquina del examen corregido Labarca escribió. “Excelente progreso, mi bella genio.” ¡Tierno!

Sábado 6 de septiembre, 1969

Quiero morirme. Gustavo vino a ver a mi hermano y trajo a su polola*.

Domingo 7 de septiembre, 1969

Lloré toda la noche del sábado, pero quiero a Gustavo más que nunca. En la tarde mi papá y mi mamá se pusieron a pelear. Rompieron la mitad de la loza y después él se fue dando un portazo. Cuando bajé a ver a mi mamá estaba tomando vodka, me gritó que me fuera a la cama y sin ningún motivo me llamó “Mocosa de mierda.” Quiero morirme de nuevo.

Lunes 8 de septiembre, 1969

Esta tarde cuando volví del colegio, mi papá estaba en la cocina. Tenía todo desordenado y había una botella de vino derramada en el piso y varios platos quebrados. Me vio y me mandó que limpiara y cuando traté de hacerme la desentendida, como si no lo hubiera oído, se sacó su cinturón y me amenazó con pegarme. Tuve que limpiar todo porque tengo miedo que me pegue cuando está borracho. Tengo que estudiar, porque mañana tengo otra prueba de matemáticas. Anoche Aníbal se fue de vuelta a Santiago.

Martes 9 de septiembre, 1969

Mi mamá me dio permiso para tomar once en la casa de Viviana y hacer las tareas con ella. Escuchamos un disco nuevo de Los Beatles, “Yellow Submarine.” Me siento tan triste, pero ‘Todo lo que necesito es amor’. Creo que hoy me fue bien en la prueba de matemáticas. Comencé a leer unos poemas de Delmira Agustini en una edición vieja que mi mamá sacó de la caja de cartón que guarda en su ropero. ¡Agustini es increíble! Nada que ver con los “Piececitos de niño” de Gabriela Mistral que tuve que leer el año pasado en el colegio.

Jueves 11 de septiembre, 1969

Quiero irme, me gustaría viajar lejos. Abajo llevan gritando más de media hora discutiendo los detalles de la ‘separación amistosa’. Me está viniendo la regla y me duele el estómago. Le conté a mi mamá y me dijo que me tomara un Mejoral, pero no se me pasa. Anoche no pude dormir y hoy tuve sueño todo el día.

Viernes 12 de septiembre, 1969

Me saqué otro 6.5 en matemáticas. Labarca escribió: “Otro examen maravilloso de mi bella genio.” Labarca es tierno y me gusta que use calcetines color rojo italiano. Viviana me invitó a ir con ella y su familia a un paseo a la nieve, pero mi mamá no me quiso dar permiso. Voy a quedarme todo el fin de semana aburrida en la casa.

Sábado 13 de septiembre, 1969

Llegó una encomienda de mi tía Pilar. Montones de cortes de géneros de diversos colores. Mi mamá me prometió que me permitiría mandarme hacer otra blusa donde su amiga Tomasa. Está contenta, porque entre los géneros encontró un sobre con un montón de plata, pero no me quiso decir cuánta había.

Lunes 15 de septiembre, 1969

Viviana volvió del paseo y me trajo una ágata preciosa que encontró en el camino al volcán. ¡Quiero tanto a mi amiga! No me sentía bien a la hora del recreo, mi estómago otra vez, y me quedé en la sala. Cuando entró Labarca y vio que estaba sola se quedó conversando conmigo y me dijo que cuando quisiera podía hablar con él de otras cosas que no fueran puras matemáticas. Le conté a Viviana y ella me dijo que su mamá le había dicho que había que tener cuidado con Labarca. Creo que sé por qué lo dicen, pero me gusta que Labarca sea amable conmigo.

Martes 16 de septiembre, 1969

Mi mamá estaba durmiendo cuando llegué del colegio. Me preparé una tortilla de huevo con una ensalada de tomates. No tenemos clases hasta la próxima semana por las vacaciones de Fiestas Patrias, pero cuando recogí mis cosas de mi escritorio encontré una nota de Labarca deseándome un feliz descanso. Quería pasar todo mi tiempo libre con Viviana, pero va a salir de viaje con su familia.

Sábado 20 de septiembre, 1969

Mi papá volvió ayer la casa y pasó algo bien raro: no estoy segura, pero creo que entró al baño y me estuvo mirando un rato largo mientras me estaba duchando. Cuando me di cuenta que estaba ahí y le pregunté que qué quería me dijo que andaba buscando una toalla. Todavía me parece raro y no le creo.

Domingo 21 de septiembre, 1969

Un día horrible. Esta mañana creí que romperían todo, se insultaron, se dijeron las cosas más espantosas y mi mamá tiene ahora el labio hinchado y un moretón en el ojo. Gritaban tanto que bajé a ver que pasaba. Mi papá le estaba dando cinturunazos y entonces yo la defendí con el palo de la escoba. Él alcanzó a darme dos cinturunazos a mí, pero mi mamá lo amenazó con llamar a los carabineros, si seguía pegándome. Debe haberse asustado, porque me gritó un par de garabatos y se fue enfurecido. Mi mamá me dijo que ya no volvería más y que sólo había vuelto para recoger las cosas que había dejado en la casa. Le comenté que me gustaba Agustini mucho más que Mistral y entonces ella me dijo que en la biblioteca donde trabaja hay otros libros de Mistral que son más interesantes que los “Piececitos” que nos enseñaron en el colegio.

Martes 23 de septiembre, 1969

Me fue bien en la prueba de matemáticas. Estudié mucho ayer porque quiero que Labarca me quiera. “Quiero que me quiera” suena como un verso, pero es verdad. Quiero que quiera... mi cuerpo, “cinta de delicia, que glisa y ondula como una caricia”. Pasé la tarde con Viviana. Escuchamos la canción de Serrat de nuevo y cerrando los ojos soñé que a veces era Gustavo quien me alisaba la falda, pero otras veces era Labarca. Por primera vez en mi vida no me atreví a confiarle algo a mi amiga.

Viernes 26 de septiembre, 1969

¡En mi prueba de matematicas había un papelito de Labarca invitándome a ir a su casa el miércoles que viene!

Sábado 27 de septiembre, 1969

Viviana piensa que yo no debería ir. Lo conversamos y discutimos toda la tarde y no quedamos en nada. Fuimos a ver “Romeo y Julieta”. Ha habido un gran escándalo en Temuco y todo el mundo dice que no es como en el original y que en esta versión hay demasiado énfasis en el amor físico. No he leído el original, pero me encantó esta película, no creo que haya nada malo en el amor físico y Leonard Whiting es hermoso. Yo creo que voy a ir.

Domingo 28 de septiembre, 1969

Llovió toda la tarde. Gustavo vino a ver a Aníbal que viajó al Sur por el fin de semana. Le pregunté si quería escuchar el disco de Serrat, pero tenían que salir a una reunión, sospecho que del “Partido”. Todos han estado hablando de política últimamente. Quiero ir a ver “El Chacal de Nahueltoro” cuando llegue a Temuco. Aníbal dice que es la mejor película que ha visto. Mi mamá durmió todo el día ayer, pero hoy estaba animosa e hizo un kuchen de manzana.

Martes 30 de septiembre, 1969

Tenía mucho sueño esta mañana y me costó un mundo levantarme. Llegué un cuarto de hora atrasada y Sor Julia me apuntó otra vez en el Libro de Anotaciones. Tuve una discusión con el señor Parra en la clase de Historia. No puedo creer que todavía haya gente que no se dé cuenta que hay tanta pobreza en Chile. Estaba nerviosa en la prueba de matemáticas y creo que no me fue muy bien.

Miércoles 1ro de octubre, 1969

Hoy fui a la casa de Labarca. Cuando llegué me sentía terriblemente estúpida, porque en el camino me perdí y llegué casi una hora atrasada. Pero Labarca me recibió súper tierno y tranquilo. Yo estaba muerta de frío porque solo llevaba puesta mi falda azul calipso con mi blusa nueva y mi chaleco abierto. ¡Nada apropiado para el clima de esta tarde! Todo fue mucho más fácil de lo que creíamos y ahora creo que Viviana y yo estábamos nerviosas solamente porque no sabíamos qué cosa esperar de esta visita. Labarca me explicó que me invitaba porque le gustaba conversar conmigo. Me convidó un té súper raro, pero rico en una copa de cristal. Tiene un montón de libros en su casa y me mostró algunos con historias de viajes y escuchamos un poco de música de jazz. Aníbal también escucha a veces este tipo de música, pero yo nunca lo había hecho con atención. Labarca me explicó como funciona la improvisación y me parece fantástico. Me prestó un long play de un pianista negro que se llama Art Tatum que no he podido escuchar todavía, porque mi mamá está en el living. Cuando nos despedimos me dio un beso suave en la mejilla. Yo me puse colorada, pero le di otro. Me dijo que, si quería, volviera el miércoles que viene.

Jueves 2 de octubre, 1969

¡Le conté todo a Viviana, incluido el beso!

Sábado 4 de octubre, 1969

El disco de Art Tatum es muy diferente de cualquier otra cosa que haya escuchado nunca antes. Tiene algo (no sé bien qué es lo que es) que me fascina. Escuché “Tea for Two” más de cinco veces y me imaginé a Labarca y a mí tomando de a sorbitos ese té que él me dio en su casa. Mi mamá salió a tomar once con su amiga Tomasa y estuve sola casi toda la tarde, pero en la noche Viviana y yo fuimos a una fiesta en la casa de Carmen Gloria. Lo pasamos regular: había varios chiquillos conocidos y algunos nuevos, pero a la mayoría parece que lo único que les interesaba era esperar a que hubiera un lento para meternos la rodilla entre las piernas y eso cuando no estaban tomando piscolas. Cuando llegué a la casa mi mamá estaba durmiendo en el living y había una botella vacía de vodka en el suelo. La ayudé a levantarse y a acostarla en su cama. Recibió una carta de mi tía Pilar, donde la invita a que la visite en Santiago para su cumpleaños en noviembre. Ojalá que vaya.

Domingo 5 de octubre, 1969

Odio, odio a mi papá. Se apareció esta tarde en la casa cuando mi mamá no estaba y me mandó que le lavara la ropa. Le dije que yo no era su empleada y él me agarró fuerte del pelo y no sé cómo pudo sacarse el cinturón tan rápido. Me dejó unos tremendos verdugones y marcas con la hebilla en mi traste y detrás de mis muslos antes de que yo pudiera arrancar y encerrarme en mi pieza. Cuando llegó mi mamá se pusieron a gritar, pero al final, igual ella le lavó y secó la ropa mientras él leía el diario. Cuando bajé a tomar once no me dijo nada a mí, pero la regañó a ella por dejarme usar una blusa con, según él, un escote tan grande. Comencé a leer el libro de Mistral que me trajo mi mamá de la biblioteca, pero con el dolor que me está viniendo de la regla apenas puedo concentrarme.

Lunes 6 de octubre, 1969

Hoy pasé una vergüenza horrible. Me había olvidado que teníamos clase de gimnasia y no le pedí a mi mamá que me escribiera un justificativo. Cuando me cambié de ropa y me puse los pantalones cortos se me notaban clarito los verdugones y las marcas. ¡Casi me morí! Oí cuchichear a varias de mis compañeras de curso y don Enrique también debe haberlos notado, porque me dio una mirada extraña pero no dijo nada. A la salida del colegio, Viviana y yo pasamos por su casa y me ayudó a ponerme una pomada. Mmm, delicioso. He estado leyendo el libro de Mistral: nunca más voy a comer pan de manera tan indiferente de nuevo. Gracias a Gabriela ahora creo que el pan es como un milagro.

Miércoles 8 de octubre, 1969

Estoy feliz de haber vuelto hoy a la casa de Labarca. Me había sentido mal todo el día y me dolía la cabeza. Labarca me enseñó unos ejercicios de relajación que me hicieron mucho mejor que los Mejorales. Me dijo que podía hacerlos todo el tiempo y que también me ayudarían a aliviar mis dolores de vientre cuando estoy tensa (que es casi todo el tiempo). Estábamos tendidos sobre la alfombra en su living cuando notó mis verdugones, me preguntó que qué eran y cuando se lo dije vi que había un gesto de rabia en su cara. Me puso boca abajo y me besó los muslos con mucho cuidado porque todavía me duelen, rozándome apenas con sus labios. Lo que sentí en todo mi cuerpo fue increíble. Al despedirnos nos dimos un beso largo en la boca.

...soy el cisne errante de los sangrientos rastros,

voy manchando los lagos y remontando el vuelo.

Hoy hubo una marcha en el centro protestando por el segundo aniversario de la muerte del Che.

Jueves 9 de octubre, 1969

Viviana piensa que estoy loca, pero loca en buena onda me dijo. Y yo estoy de acuerdo. Estábamos en la Calipso tomándonos un cortado cuando vimos entrar a Gustavo con su polola. “Hola, ¿cómo estás?” —me saludó, mientras ella pasaba de largo sin ni siquiera mirarnos. En la tarde fui al cementerio a visitar la tumba de Amparo, le conté sobre Labarca y le llevé un ramo de flores silvestres. Cuando salí estaba lloviendo y me mojé. Voy a acostarme luego, porque creo que tengo un poco de fiebre.

Sábado 11 de octubre, 1969

Estuve todo el día en cama ayer enferma de admigdalitis. Pero hoy me sentía mucho mejor y pasé la tarde en la casa de Viviana. Escuchamos un disco nuevo de Víctor Jara y ahora me gustaría que mi nombre fuera Amanda en vez de Montserrat Esperanza. En la noche, aprovechando que mi mamá se acostó temprano, escuché despacito el long play que me prestó Labarca esta semana. Estoy acostumbrando mi oído a este nuevo (para mí) tipo de música. Es de Coleman Hawkins y el primer tema, “Night Hawk,” suave, profundo y sensual me llegó al alma. Puedo imaginarme bailándolo sin que me importe, si Labarca me pone su rodilla entre las piernas. Esta noche me siento como una halcona.

...esperarás sonriendo, y esperarás llorando!

cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando

que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...

Esta noche quiero lentamente derramarme sobre el pecho de Labarca.

Domingo 12 de octubre, 1969

Hoy tuvimos bacalao al almuerzo. De pura costumbre, porque celebrar no celebramos nada. En la tarde, como ya parece ser su costumbre, vino mi papá con su ropa sucia y mi mamá se la lavó de nuevo. Cuando bajé a ver cómo estaba ella, él me dio una mirada de perro y de nuevo regañó a mi mamá por mi escote. Pareciera que eso es lo único que le importa o que nota. Lavé la falda verde y la blusa anaranjada que me puse para mi cumpleaños. Quiero ponérmelas este miércoles cuando visite a Labarca.

Martes 14 de octubre, 1969

Otro día de chubascos. Mientras caminaba a mi casa por el bandejón central de Prieto salió un arcoiris. Estaba todo mojado y había olor a tierra húmeda. Me senté cerca de la estatua de Trizano y leí un poema de Mistral:

Huele el ulmo, huele el pino,

y el humus huele tan denso

como fue el Segundo Día

cuando el soplo y el fermento.

y después este otro:

Te ayudé a saltar las zanjas

y a esquivar hondones hueros.

Ya me llama el que es mi Dueño.

Siento un hormigueo que me recorre todo el cuerpo: estoy “vibrando eterna ¡voluptuosamente!” Pero también estoy asustada y nerviosa.

Miércoles 15 de octubre, 1969

Esta tarde lo hicimos... lo besé y me di. Estoy terriblemente adolorida, me duele todo, pero estoy feliz. Hoy Carlos, apasionadamente, me abrazó, me besó y me tuvo entera.

Jueves 16 de octubre, 1969

Lo primero que soñaba contarle a Viviana era cómo Carlos pacientemente me había ayudado a transformarme desde la niña que era ayer hasta la mujer que soy hoy. Quería contarle que al principio estaba aterrorizada, que me temblaban las piernas, que me tiritaban los labios y que sentía seca la garganta... todo lo cual resultó ser bastante cierto. Quería contarle también que Carlos me había enseñado a relajarme, a sentir mi cuerpo y conocerlo, a hacerle sentir y hacer lo que yo quería que hiciera. Que nos había tomado horas de entrega, de búsqueda y de juego hacer que nuestros dos cuerpos marcharan al unísono, pero cuando estuvieron listos, anhelantes y preparados, lo demás había sido simple como el agua..., pero todo eso fue menos cierto. ¡Había estado soñando tanto! Quería tanto impresionar a mi amiga con mis sueños de amor, de agua y de luna; de fragancias dulces y de susurros suaves y tiernos en mis oídos. Me gustaría saber cómo fue para Agustini. Para mí, la verdad es que todo fue mucho más complicado (y más simple), más físico (y más doloroso) que lo que nunca imaginé. Lloré de dolor, pero de todas maneras estoy feliz de haber perdido (‘haberme deshecho de’, como dijo él) mi virginidad con Carlos. Viviana, mi querida y hermosa amiga —¡es tanto lo que la quiero! Quería que le contara todos los detalles y me hizo decenas de preguntas y yo me di maña para contestárselas todas. Estaba tan nerviosa de ver en la clase a Carlos hoy que apenas podía contener la risa ¿o era mi llanto? (de felicidad, claro) mientras pasaba la lista y cuando pronunció mi nombre sentí ganas de gritar no sé qué cosa cuando me di cuenta que él me miraba disimuladamente y me sonreía.

Viernes 17 de octubre, 1969

Ahora no estoy segura, si debí haberle contado todo a Viviana ayer. Hubo un momento en el patio en el que pensé que me rehuía. Ella, tan buena amiga, es tanto lo que la quiero, Vivi, Viviana, se ha quedado en lo de siempre y yo ahora he crecido.

Sábado 18 de octubre, 1969

Aníbal viajó de Santiago para visitarnos por unos pocos días. Esto es súper bueno, porque me gusta verlo y también, porque así es mucho menos probable que se asome mi papá. Fui al teléfono de la esquina para llamar a Viviana y su mamá me dijo que estaba en cama con admigdalitis. ¡Lo mismo que tuve yo la semana pasada! Le llevé un pastel de la Calipso y le susurré poemas de Agustini mientras ella dormitaba, las dos bajo las mantas y ella con su cabeza sobre mi hombro, linda. Cuando volví a la casa, Gustavo y su polola estaban con Aníbal tomando café y conversando de política en el living; la polola parecía aburrida. Yo tomé una galleta de la mesa y me vine a mi pieza a leer otro poema.

Domingo 19 de octubre, 1969

Constante lluvia sobre lluvia en un día que transcurrió lentísimo hoy. Aníbal trajo a Elvira y pasaron toda la noche juntos. ¡Qué envidia! Me acuerdo cuando pasaba las tardes en ese cuarto con Amparo y sus acuarelas. Pobre Amparo, fue tan amiga de Juliana, pero nunca tuvo un novio. Pienso en Carlos y me pregunto, si yo soy su novia, su amante, su esclava... ¿o qué?

Martes 21 de octubre, 1969

Todo el mundo está conmocionado porque hoy hubo un intento de golpe de estado en Santiago. Un tal General Viaux se acuarteló en su regimiento y después sacó sus tanques a la calle. Aníbal y Gustavo se pasaron el día pegados a la radio. Al final, menos mal, no pasó nada. Cuando se iba, Gustavo quiso darme un beso cerca de la boca, pero yo moví la cara y el beso me cayó en la oreja. “¿Te contó tu hermano que peleamos, mi polola y yo?” —me preguntó. “No, no sabía nada” —le dije yo como si me hubiera preguntado la hora.

Miércoles 22 de octubre, 1969

Hoy pasamos casi toda la tarde dándonos besitos y escuchando un long play de Béla Bartók, un músico que para mí (¡tengo tanto que aprender!) era nuevo. Me fascinaron sus danzas y las bailé como loca, descalza y con todas mis ganas de gitana, girando y saltando en un gran cuarto completamente vacío —sin muebles ni nada— del segundo piso. Cuando bajé, Carlos me mostró un libro con imágenes que me turbaron un poco: la mayoría era de hombres mayores, algunos casi ancianos, explícitamente haciendo el amor con mujeres mucho más jóvenes que ellos, algunas casi niñas. Entonces, él me besó y me dijo que quería amarme de nuevo, inspirándonos en los dibujos, como si estuviéramos en un círculo, me dijo. Al principio yo no estaba segura, tenía miedo; pero él insistió y yo quiero hacerle caso en todo, porque no quiero que se enoje conmigo... y dejé que me amara como él quería: besándome entera, me dijo, para que yo me relajara. Pero igual me dolió y todavía tengo miedo. A que mi mamá me vea y se dé cuenta... y a tantas otras cosas. Carlos me explicó que en todas las culturas antiguas siempre hubo grupos selectos de hombres que elegían a jóvenes —como tú, me dijo— para iniciarlas en los placeres del sexo y que solo con el judeo-cristianismo estas prácticas comenzaron a ser consideradas pecaminosas. La idea me da vueltas en la cabeza y tengo un montón de preguntas. Me gusta la idea de un sexo que no sea pecado o algo vergonzoso; que sea algo libre y hermoso como él me dice. Pero todavía no estoy segura de qué es lo que yo quiero. ¿Qué quieres, Monche? Antes de venirme, Carlos me dio el long play de Bartók envuelto en papel seda color morado. “Es tuyo” —me dijo, con esa voz tan suave que él tiene. Me vine todo el camino a pie desde la casa de Labarca caminando despacito hasta la mía, para demorarme y porque todavía me duele, pensando y tarateando en mi cabeza las danzas de Bartók. Sí, estoy segura que sé lo que quiero. Quiero saltar y remontar el vuelo.

Sábado 25 de octubre, 1969

Hice una lista de palabras que me gustan: descalza, danza, musgo, helecho, pubis, pecho, mano, hiedra, manzano, hierba, vasija, lluvia, liquen, muslo, almohada, lecho.

Domingo 26 de octubre, 1969

Desearía poder irme, ser de verdad una gitana. Irme y poder ser libre, sin estar constantemente temiendo que lleguen los fines de semana con estas peleas y acosos interminables. Sin estar constantemente temiendo que mi papá le pegue a mi mamá o a mí. Sin estar constantemente temiendo que un día cualquiera vaya a encontrar a mi mamá tirada en el piso ahogada en vodka... o, peor aún, en su propio vómito. Hoy a media mañana llegó mi papá. Inmediatamente, mientras yo todavía estaba durmiendo, comenzaron los gritos y las peleas. No quise dejar mi cuarto mientras él estuvo abajo. Ni siquiera cuando empezó a llamarme a gritos como un energúmeno y mi mamá le gritaba que me dejará tranquila. Después me sentí terriblemente culpable porque sentí el ruido de un bofetón y luego el de un portazo en la puerta de calle. Bajé de mi cuarto y encontré a mi mamá sentada en la mesa de la cocina, tenía el labio hinchado y la mejilla amorotonada. Fui yo misma la que le llené un vaso de vodka antes de que se fuera de nuevo a la cama. Cuando volví a la cocina, la botella estaba todavía encima de la mesa. La abrí y la olfateé, pero apenas tenía olor a nada. Llené medio vaso y me lo fui bebiendo despacito esperando sus efectos mientras lloraba. En la tarde, todavía un poco borracha, me fui a casa de Viviana. Su mamá me vio los ojos rojos y me preparó un té con pan tostado con mantequilla y mermelada de ciruela, pero no me dijo ni me preguntó nada. Viviana me abrazó por detrás mientras yo comía y cuando terminé de comer me invitó a ir al living a escuchar el disco de Víctor Jara.

Miércoles 29 de octubre, 1969

Hace un mes que comencé a visitar a Carlos en su casa. Hoy nos desnudamos infinitamente despacio, botón tras botón, tratando de recordar lo que ya habíamos aprendido de nuestros cuerpos, hasta que finalmente Carlos me amó —¡por fin con menos dolor para mí!— tendidos sobre la alfombra peluda de su cuarto. Cuando desperté Carlos no estaba. Lo encontré casi completamente vestido, hojeando su libro de figuras sobre la mesa del comedor. Me sentí ridícula y vulnerable sin mi ropa puesta y deseé no haber sido tan loca y haber seguido mi primer impulso y haberme vestido antes de salir de su cuarto. Pero Carlos pareció no darle importancia y me invitó a acercarme a la mesa mientras continuaba hojeando su libro mostrándome y nombrando diferentes posiciones. Me dio mucho trabajo vencer mi azoramiento, sin estar completamente segura si su desenfado y displicencia eran una broma, una prueba o, simplemente, una casualidad. Aunque una vez que me repuse, pude seguir con aplomo sus explicaciones, me quedé con esa sensación desagradable que enturbió mi tarde. Simplemente a veces no sé qué espera de mí. Juraría que Carlos sabía que yo saldría desnuda de su cuarto: cuando notó que comenzaba a sentir frío, extendió un precioso cobertor de lana que estaba oculto sobre una silla y lo puso sobre mis hombros. “Llévatelo contigo y así tienes algo de esta casa cada día en tu cuarto” —me dijo. Amo estar en los brazos de Carlos y que me enseñe los sabores de mi propio cuerpo como él dice, pero a veces con él me siento como una pequeña ave asustada y lo que yo quiero es volar por mi cuenta y no perderme. ¿Es que él es demasiado mayor, como cree Viviana? ¿O es que debo aprender más rápido, como creo yo?

Viernes 31 de octubre, 1969

Anoche soñé que volaba sobre una alfombra mágica con mi pelo lleno de manzanillones de hojas blancas y de mariposas amarillas flotando al viento como en uno de los dibujos que me hizo Amparo. Esta tarde mi mamá y yo fuimos al cementerio a limpiar y poner bonita su tumba. Había varias personas de la colonia en ese mausoleo enorme impregnado por un intenso olor a flores frescas. Yo habría preferido llevarle flores silvestres (como las de mi sueño), pero mi mamá insistió en comprar un ramo de claveles rosados rodeados de helechos. Se ve bonito, pero convencional y estoy segura de que a ella no le hubiera gustado. Amparo hubiera preferido unos simples yuyos como cuando enterramos a la mantís en el patio. Nos topamos con un par de personas conocidas con las que mi mamá intercambió unos breves saludos corteses; otras desviaron la vista y no nos dijeron nada. Solo don Ernesto se acercó solícito, habló con mi mamá y me preguntó si yo era Esperanza.

Sábado 1ro de noviembre, 1969

Me alegré cuando mi mamá decidió no ir a la misa en el cementerio hoy; hubiera tenido que acompañarla y apenas hubiera sido capaz de soportarlo. Este año cumplí la edad que tenía Amparo cuando pasó el accidente. Casi nunca hablamos de ella; la recuerdo cada vez que veo y aprieto en mi mano la estrella de plata que encontré en su cofre, pero en estos cuatro años poco a poco se me ha ido borrando su imagen: la veo como si estuviera rodeada de niebla, como en una foto que se hubiera caído al agua y se le hubieran deteriorado los bordes. Amparo, ¿sentías las mismas cosas que siento yo ahora? ¿Sentías los mismos deseos? ¿Tenías las mismas fantasías? ¿Eras tan loca como yo? Me siento egoísta, pero acabo de pensar que si ella no se hubiera muerto, yo podría preguntarle ahora todas estas cosas: Amparo, cuando tenías mi edad, ¿cuál era tu fantasía más loca?

Domingo 2 de noviembre, 1969

Vino mi papá a que mi mamá le lavara la ropa, por supuesto.

Martes 4 de noviembre, 1969

Esta mañana cuando me desperté me dolía el vientre, pero hice los ejercicios de relajación que me enseñó Carlos y se me pasó por completo. Hoy tuve la tentación de dejar la prueba de matemáticas en blanco o mandarle puros mensajes de amor, pero me arrepentí. Quiero que me respete y me quiera. Me concentré y creo que me fue súper bien... de todas maneras le mandé un pequeño mensajito: “los ejercicios me hacen tan bien. TQ.” La gente todavía habla del intento de golpe de Viaux y algunas de mis compañeras hablan pestes de Frei; me dan risa, se van a morir el año que viene cuando Allende sea presidente. Después de clases pasé el resto de la tarde con Viviana y me contó que este sábado hay otra fiesta en la casa de Carmen Gloria, pero no estoy segura que yo quiera ir. Se nos pasó la hora sin darnos cuenta conversando y escuchando discos y llegué súper tarde a la casa. Mi mamá estaba enojada conmigo, me gritó, me dijo que era irresponsable y desconsiderada —¡mira quién lo dice!— y me mandó a la cama. Menos mal que había comido en la casa de Viviana.

Miércoles 5 de noviembre, 1969

Amanecí hecha un río de sangre, pero mi vientre apenas me duele. Hace semanas que me siento más relajada. Fui más tarde que otras veces a la casa de Carlos esta tarde, porque Viviana quería que pasara un rato con ella. Lo hice con gusto: no quiero que mi amiga sienta que la tengo abandonada, pero sentí haber perdido unas horas preciosas con mi Labarca, mi Carlos, mi amor, mi vida. De todas maneras lo pasamos rico, escuchamos más cosas de Béla Bartók y Carlos me leyó unas páginas del libro de un escritor argentino del que no me quiso decir su nombre ni el título de su libro: me encantó cómo las palabras no significaban nada, pero lo decían todo. Me encantan mis hurgalios. Me gustaría inventar mis propias palabras y así poder decir por mí misma todo lo que siento: lemusgo, caldanza, pupecho, vasiquen, lepecho. Carlos es tan tierno que cuando le dije que todavía me dolía el vientre, me dio un masaje y después me dio besitos por toda la espalda. Me encanta cuando me dice cosas lindas acerca de mi cuerpo flacuchento. Me gusta la palabra vientre, mucho más que estómago; guata es fea y horrible; panza es grande y divertida. Hoy llegué temprano a la casa, mi mamá estaba de buen humor y cenamos juntas una sopa de crema de lentejas.

Jueves 6 de noviembre, 1969

Esta mañana cuando la Viviana y yo estábamos en la Calipso, pasó una columna de estudiantes protestando. Salimos a mirar y entre ellos reconocí a Gustavo, comenzamos a aplaudir y los demás clientes nos miraron espantados, pero todos tuvimos que arrancar cuando los pacos empezaron a lanzar bombas lacrimógenas. Los estudiantes les respondieron con piedras, pero yo no encontré ninguna y además me dio miedo.

Domingo 9 de noviembre, 1969

Lo pasé bien anoche en la fiesta de Carmen Gloria. Evité todos los lentos y preferí bailar en grupo con las demás chiquillas.

Lunes 10 de noviembre, 1969

¡Por fin logré hacer el salto doble sobre el caballete en la clase de gimnasia! Me siento súper y don Enrique me felicitó. Es magnífico sentir que controlas tu cuerpo.

Martes 11 de noviembre, 1969

Está haciendo más calor. Saqué mis patines y Viviana y yo patinamos por Prieto y Balmaceda. Llegamos acaloradas a su casa. Su mamá había hecho un kuchen y tomamos once después de ducharnos. Hay un grupo nuevo que se llama Inti-Illimani; tocan una música andina que es preciosa. Me saqué un 7.0 en el trabajo sobre Antonio Machado para mi clase de castellano. Me encanta Machado, porque Serrat dedicó todo un long play a su poesía. Mi mamá sigue de buen humor y cenamos pollo con puré de papas cuando llegué esta noche a la casa.

Miércoles 12 de noviembre, 1969

Amo mi cuerpo. Amo el modo cómo Carlos me hace sentir mi cuerpo. Amo el modo cómo Carlos me enseña a hacer sentir mi cuerpo.

Viernes 14 de noviembre, 1969

Voy a pasar el fin de semana con Viviana y su familia en una cabaña que tienen en Caburga. Me invitaron y mi mamá me dio permiso. Saldremos temprano mañana en la mañana.

Sábado 15 de noviembre, 1969

El lago, los cerros, los árboles, el volcán; las fogatas, los aromas, el viento, el sol; la niebla, las estrellas, la arena. Todo es hermoso. Sentir, oler, tocar, ser tocada es hermoso; tener una amiga es hermoso. Caminar descalza es hermoso; caminar descalza tomada de la mano de mi amiga es más hermoso.

Domingo 16 de noviembre, 1969

Esta mañana Viviana y yo nos levantamos antes del alba y fuimos a esperar la salida del sol a la orilla del lago. Apenas apareció por detrás de la falda del cerro, Viviana me miró y me preguntó maliciosa: “¿Te atreves a zambullirte? Traje dos toallas en mi mochila.” De sólo pensar en esa agua de hielo sentí que me congelaba, pero lo hicimos de todos modos. ¡Qué locura! Aguantamos menos de dos minutos, pero fue delicioso. Tiritábamos y nos quedamos un largo rato abrazadas bajo las toallas hasta que ya no sentimos más frío y el sol nos alumbraba la cara. Los ojos pardos de Viviana se veían preciosos bajo sus reflejos dorados. Cuando volvimos a la cabaña nos tuvimos que tapar la boca con las manos para no matarnos de risa al oír las voces y ruidos que salían del dormitorio de los padres de Viviana. Salimos en puntillas y volvimos al lago. Mientras esperábamos un tiempo prudente —teníamos hambre y queríamos tomar desayuno— pensé que no recuerdo haber visto jamás un gesto de cariño entre mis padres y me alegré por Viviana. Al desayuno le conté a don Alfredo que me encantaba Bartók y él prometió mandarme uno de sus long plays favoritos para que lo escuchara. Llegamos súper tarde a Temuco y ahora estoy que me muero de sueño.

Lunes 17 de noviembre, 1969

Tuvimos tanta suerte que no nos haya llovido el fin de semana. Hoy llueve a cántaros. Mientras esperaba la micro en la esquina frente a la San Francisco, un auto pasó corriendo por encima de un charco y me salpicó entera. El agua puede ser tu amiga y tu enemiga; acariciarte dulcemente en el lago, azotarte sin piedad en medio de la calle. Me sentía fuerte hoy y en la clase de gimnasia subí la cuerda hasta donde nunca antes había subido y repetí mi salto de la semana pasada! Llegó una carta de mi tía Pilar con los pasajes para mi mamá y mi papá no vino ni el sábado ni el domingo a lavar su ropa. ¡Bien! Mi mamá y yo cenamos juntas.

Miércoles 19 de noviembre, 1969

Ayer cuando terminaba la clase, Carlos me dijo que tenía una cita con el médico y que era mejor que suspendiéramos nuestro encuentro esta semana. Me decepcionó, porque ya había estado pensando en todo lo que me gustaría hacer juntos. Estuve toda la tarde sola, porque Viviana tenía que ir con sus padres a la fiesta de cumpleaños de su tía, pero me trajo el long play de Bartók que me prometió su papá. Lo escuché y me descolocó entera. Es muy diferente a la música de las danzas: increíblemente intensa, me evocó muchas imagenes contradictorias. Lo escuchas y es como si fueras corriendo en un bosque en pos de algo que se te escapa o, a la inversa, como si huyeras de algo que te acecha. Pienso que es una música cautivante, como que la atrapa a una... tanto que hasta me angustió un poco. Esta noche volvió a llover y cuando hace un rato bajé a la cocina a tomar un poco de agua, mi mamá estaba con un vaso de vodka: “¿Qué te pasa que me miras tanto?” —me preguntó con su voz amarga. Supongo que no me pasaba nada, pero pensé que me gustaría que ella no tomara tanto. Pero me gusta el olor que sale del manzano silvestre cuando llueve.

Viernes 21 de noviembre, 1969

Hoy Amparo hubiera cumplido 21 años.

Sábado 22 de noviembre, 1969

Mi papá vino a que le lavaran su ropa. Por supuesto mi mamá se la lavó y, por supuesto también, pelearon. Me cansa, me agota, esta rutina estúpida e interminable.

Domingo 23 de noviembre, 1969

Mi mamá está preparando su viaje a Santiago. Se va este miércoles en la noche y llega de vuelta el domingo en la mañana. Creo que está contenta de ir a ver a su hermana. Hace fresco esta noche, abrí la ventana y la brisa entra en mi cuarto. Está despejado, hay luna llena y en estos días he descubierto a otro poeta, Lorca. Como siempre me pasa, todos estos artistas y poetas son ‘nuevos’ solamente para mí, aunque en este caso hace más de treinta años que lo mataron al pobre.

Nadie come naranjas

bajo la luna llena.

Es preciso comer

fruta verde y helada.

Me dieron ganas de comer grosellas verdes con sal.

Lunes 24 de noviembre, 1969

Esta tarde después de clases Viviana y yo volvimos a patinar por Balmaceda y Prieto. Estábamos descansando al sol semi tendidas en el bandejón central cuando vimos pasar una marcha de estudiantes en huelga. Busqué a Gustavo, pero no estaba entre ellos o bien yo no pude encontrarlo. Todavía pienso en él a veces. Creo que Viviana notó que yo buscaba a Gustavo. Hubo un momento en que me miraba por el rabillo del ojo y sus dedos tocaban los míos. Gustavo sigue estudiando, pero Elvira me contó que Aníbal dejó la universidad y que está haciendo trabajo voluntario en Liquiñe.

Miércoles 26 de noviembre, 1969

Fui a dejar a mi mamá a la estación y a la salida me encontré con Carlos que me estaba esperando con una idea maravillosa: irme con él a su casa y pasar juntos la noche entera! Ahora duerme, pero antes me amó deliciosa y minuciosamente, embriagándome con un vino oporto exquisito extendido por toda mi piel. Con todo lo que he crecido en estos meses, es tanto lo que lo necesito, siento que me hace tanta falta. Es verdad que a veces sus ojos se endurecen cuando hago algo que no le gusta y yo me estremezco y me da miedo. ¡Pero me encantan sus caricias y sus besos! Lo que Viviana no puede ni siquiera comenzar a imaginarse es cómo Carlos es el agua, el torrente, la ola, que barren toda esa angustia y todo ese dolor que me agobia y que se me acumula día a día, semana tras semana. Sin esa agua, no podría estar, no podría ser, me habría vuelto loca, ahogada como mi mamá en valium y en vodka. No quiero saber —me daría miedo saber— si amo o no amo a Carlos. No quiero saber si él me ama o no me ama, tampoco. No es eso lo que me importa, Viviana, amiga del alma. Ni siquiera quiero saber si todavía amo o no amo a Gustavo. Pero quiero estar aquí cada miércoles y respirar y recuperar el aliento y dejar que Carlos, mi amo, mi amor, ese día, me quiera. Oh, pero sí, sí me ama; lo amo, lo amo, lo amo; lo quiero tanto.

Jueves 27 de noviembre, 1969

Me levanté súper temprano para que los vecinos no me vieran salir de la casa de Carlos esta mañana. He tenido sueño todo el día. Pensé en volver a su casa esta noche, pero él me dijo que no era prudente. Seguramente tiene razón, pero me desilusionó un poco. Pasé la tarde en la casa de Viviana escuchando a Serrat y riéndome de la canción... anoche no tuve que correr a casa antes de las diez. Llegó el televisor a la casa de Viviana, pero todavía no ponen la antena y no pudimos ver nada. Esta tarde había una cola enorme de gente tratando de entrar a Gejman y tuvieron que poner carabineros para controlar la entrada.

Viernes 28 de noviembre, 1969

Esta noche me estoy quedando a dormir en la casa de Viviana. Pasamos la tarde juntas estudiando para una prueba de historia que tenemos el lunes. Faltan solo dos semanas para que termine este Quinto año y después saldremos de vacaciones por todo el verano. Viviana me dijo que habló con sus papás y la dejaron que me invitara a estar con ellos las tres semanas que estarán en la cabaña en enero. Ojalá que mi mamá me dé permiso.

Sábado 29 de noviembre, 1969

Soy cobarde. Había salido a caminar por el bandejón de Prieto esta tarde y cuando volví a la casa, me estaba esperando mi papá sentado en el sillón del living. “Y, ¿dónde andaba la putita?” —me dijo apenas entré. “Y usted, ¿por qué me habla así?” —le contesté. Tuve miedo cuando se me acercó, me toqueteó el cuello de la blusa y me dijo: “A ver si un día de estos te vistes de manera más decente, que pareces una cualquiera. Anda, necesito que me laves la ropa.” Tuve ganas de decirle tantas cosas: que por qué no lo hacía él, que por qué no aprendía a usar la bendita lavadora de una buena vez... Pero no me atreví. Se la lavé y se la sequé y hasta se la planché, mientras él leía el diario. Tal como lo hace mi mamá. Hizo el ademán de besarme la mejilla antes de irse, pero yo no lo dejé y se fue, dando un portazo para variar. Siento rabia con él y también conmigo.

Domingo 30 de noviembre, 1969

Mi mamá llegó de Santiago esta mañana. Venía cansada por el viaje y el tren llegó súper tarde, pero lo pasó muy bien visitando a mi tía Pilar... y me trajo cortes de telas preciosos.

Lunes 1ro de diciembre, 1969

De nuevo subí la cuerda hasta lo más alto en la clase de gimnasia y decidí que quiero aprender a defenderme. Quiero ser fuerte y no tener miedo.

La muchacha dorada

se bañaba en el agua

y el agua se doraba.

Quiero ser mi propia agua.

Miércoles 3 de diciembre, 1969

Estoy confundida. Carlos estuvo completamente indiferente conmigo cuando estuve en su casa hoy. Como si yo no existiera, como si fuese invisible. Sé que él sabía que estaba con mi regla —yo misma se lo dije— y quizás por eso no tenía interés, pero ni siquiera me hablaba. Lo más raro fue que yo había estado apenas una hora con él en su casa escuchando música y hojeando sus libros cuando de repente me pidió que me fuera.

Jueves 4 de diciembre, 1969

Viviana y yo fuimos a patinar esta tarde. Estábamos en eso cuando comenzó a llover torrencialmente, seguí patinando con fuerza, con rabia, hasta que no pude más y me había quedado sin aliento, empapada por la lluvia y mi sudor. Viviana, siguiéndome apenas, me miró asustada. “¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Por qué corres así?” —me preguntó. “Nada, no me pasa nada” —le contesté. Pero siento que algo está cambiando dentro de mí. Tengo algo atascado entre mi pecho y mi garganta, algo que quiere salir y no puede.

Entre el pecho y la garganta

tengo una paloma de fuego.

Viernes 5 de diciembre, 1969

Ningún mensaje en el examen final de matemáticas, nada. Pasé el resto de la tarde con Viviana y cuando llegué a la casa, mi mamá estaba enojada.

No quieres que vaya.

Pero yo iré,

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

No quieres que vaya.

Pero yo iré,

entregando a los sapos mi mordido clavel.

Domingo 7 de diciembre, 1969

Estuve espiando desde mi ventana a que se asomara mi papá en la esquina, para escaparme por la puerta de atrás. No quería estar aquí cuando él viniera. Cuando lo vi doblando en la esquina bajé rápido y salí corriendo con mis patines. Pero entiendo que esto no es ninguna solución. Necesito hacer otra cosa. Quiero, necesito ser mi propia agua.

Miércoles 10 de diciembre, 1969

Siento ganas de llorar y de gritar con todas mis fuerzas. Esta tarde llovía, pero yo quería contarle todo a Carlos y de todas maneras fui a su casa. Cuando llegué me abrió la puerta apenas y me dijo que no podía recibirme. “Pero, ¿por qué?” —protesté obligándolo a dejarme entrar. “¿Qué te pasa, quiero verte” —insistí. “Y yo no quiero que vuelvas más” —contestó él, empujándome. “Quiero venir” —le grité. Y, entonces pasó lo increible: ¡Carlos me abofeteó! “No seas histérica —me dijo. “Por tu propio bien, Monche, ándate y no vuelvas más” —gritó y me empujó de nuevo. Abrió la puerta, me hizo salir a la fuerza y la cerró de un portazo. Me quedé ahí, paralizada frente a su puerta hasta que me eché a correr huyendo de su casa. Vagué por horas caminando por las calles de Temuco tratando de pensar en lo que estaba pasando. Se me ocurrió que podía ir a la casa de Viviana, pero no quería que su mamá viera mi cara roja por el llanto y mis piernas salpicadas. No quise comer cuando llegué a mi casa y ahora sólo quiero estar sola en mi cuarto... sin nadie. Sólo yo. Sin ni siquiera Viviana, sólo yo.

Jueves 11 de diciembre, 1969

Me siento tan triste y sola que lloré toda la noche. No puedo dejar de pensar en Carlos y hoy, con todo el ajetreo del último día de clases, apenas pude hablar con Viviana. Mejor que mi mamá haya estado durmiendo cuando llegué a la casa, porque no tengo hambre. Yo también quise dormir como ella para no pensar más, pero no pude, la cabeza me da vueltas y me puse a leer todos los poemas que he ido acumulando este año: mi Agustini, mi Mistral, mi Lorca..., pero no entiendo nada. Amor, mi Carlos, ¿por qué te ocultas? ¿Por qué no quieres que te vea, amor mío? ¿Por qué ya no te gustan mis besos de azúcar? ¿Los besos de mi boca de miel y de almíbar? ¿La fragancia de mi vientre? ¿Por qué ya no te gustan mis pechos como naranjas? ¿Por qué ya no quieres sumergir tus manos en mi pelo de fuego? ¿Porque soy una mocosa? ¿Porque soy flacuchenta y paliducha? No me dejes aquí llorando como una halcona herida. No me dejes aquí llorando, amor, mientras escucho tus danzas, que ahora son también mías, como es mía toda el agua que esta noche de lluvia rabiosa golpea mi ventana.

Viernes 12 de diciembre, 1969

Quiero ser mi propia agua, helecho, vasija, lemusgo, vasiquen, caldanza.

Sábado 13 de diciembre, 1969

Es como si se hubiese acabado el mundo: anoche detuvieron a Carlos. Hoy, a media mañana, llegaron unos detectives a hablar con mi mamá. Estuve toda la tarde hablando con unas asistentes sociales; me trataron bien, pero me hicieron miles de preguntas. Tantas que la cabeza me duele y ya no recuerdo qué les contesté. Creo que negué que Carlos me haya maltratado, les dije que nunca me forzó a nada y que nunca me pegó... pero insistían e insistían haciéndome de mil maneras las mismas preguntas una y otra vez. Estoy tan confundida que ni siquiera he pensado en llorar. Ahora estoy cansada y sólo quiero dormir.

Lunes 15 de diciembre, 1969

La foto y la historia de Carlos aparecieron en la portada del Austral. También mis iniciales junto a las de dos otras jóvenes de mi edad. Parece que la madre de una de ellas lo denunció por estupro, otra palabra nueva para mí. Me da un poco de risa que hayan puesto sólo mis iniciales: cualquiera de los que me conocen puede saber claramente que soy yo. Hoy las asistentes sociales siguieron haciéndome miles de preguntas y a la salida del Servicio de Menores había un montón de gente curioseando. Siento vergüenza y no quiero que nadie me vea. Ayer mi mamá me gritó hasta cansarse, llamándome toda clase de nombres, pero hoy apenas me habla.

Martes 16 de diciembre, 1969

He llorado todo el día. Esta mañana llamé a Viviana por el teléfono de la esquina, pero su mamá me dijo que no estaba. Tengo miedo que no quiere que la vea, porque cuando le pregunté que cuándo volvería me dijo que no sabía y me cortó en seguida.

Miércoles 17 de diciembre, 1969

Esta mañana vino Viviana a mi casa (creo que es primera vez que lo hace) e insistió —y al final me convenció— que teníamos que ir juntas a la Calipso a tomarnos un cortado. No me dijo nada de su mamá, pero sospecho que vino a verme a escondidas. Viviana, amiga, te quiero tanto, y el cortado estaba realmente exquisito.

Jueves 18 de diciembre, 1969

Anoche soñé que corría perdida por un bosque húmedo con mis pies descalzos llenos de barro. Creo que también soñé con Amparo, pero trato de pensar y no me acuerdo. Esta mañana me levanté temprano y fui a patinar. Había niebla y hacía frío, pero después de un par de cuadras fui entrando en calor hasta que llegué hasta el camino de bajada del cerro. Subí y bajé la pendiente de Lynch montones de veces hasta que mi camiseta estuvo empapada con mi sudor, pero sentía que aún tenía aliento y seguí patinando hasta que el sol estuvo bien alto. Esta tarde, aprovechando que mi mamá no estaba, escuché de nuevo el long play de Bartók que me prestó el papá de Viviana. Concierto de cuerdas, segundo movimiento. Lo escucho y siento que alguien, como en mi sueño, corre desaforada. ¿Hay algo o alguien que te persigue o eres tú la que va en pos de algo que todavía no conoces, Monche? Me cautivó la música, cerré los ojos y después, acurrucada en mi cama, sentí menos miedo.

Viernes 19 de diciembre, 1969

Lemusgo, vasiquen, caldanza, neblisol, terramor, libestrella, fogareña.

Sábado 20 de diciembre, 1969

Mi mamá había salido con su amiga Tomasa hoy cuando llegó mi papá con su maldita ropa sucia. Sentí miedo, él todavía tenía un moretón y un parche en la frente y pensé que me pegaría más por eso; pero cuando me mandó que se la lavara le dije que no, que no iba a hacerlo. Apreté los dientes porque sabía que intentaría pegarme y forzarme. Se acercó a mí y casi cerré los ojos, me temblaban las piernas y podía oler la rabia animal en sus ojos irritados. Pero cuando ví que levantaba su mano para darme un par de bofetadas, no le desvié la mirada. Y entonces ocurrió algo increíble: le tembló el labio y bajó su mano. Bajó su mano, escupió al suelo y maldijo. Se dio vuelta, cogió su bolsa hedionda y salió de la casa dando un portazo. Y yo me dejé caer de bruces y me eché a reír y a llorar como una loca.

Domingo 21 de diciembre, 1969

Hoy comenzó el verano y esta tarde Viviana y yo subimos al cerro por el camino de Agua Santa. Me gusta subir por este lado porque se pueden ver mejor los árboles y sentir el olor de la hierba y de las hojas húmedas en el suelo. El día estaba delicioso y el paseo con huevos duros con sal resultó exquisito. En el camino de vuelta estuvimos un rato largo sentadas a la orilla de la Laguna de los Patos hablando sobre lo que me ha estado pasando y le enseñé mi juego de inventar palabras nuevas: magnimiga, azamor, labiternos, bellojos. Estoy tan confundida con todo lo que ha pasado de golpe y le agradezco tanto a Viviana que haya querido seguir siendo mi amiga a pesar de lo que dice la gente. Todavía no le he contado nada sobre mi papá, pero quiero hacerlo. También estoy nerviosa, porque mañana van a venir las visitadoras a hablar conmigo otra vez y ya me dijeron que quieren que les preste mi diario.

© 2014 - 2020, Román Soto Feliú.
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