Gustavo

Gustavo piensa en Nicole mientras camina a la fiesta en la casa de Sandra.

Temuco, sábado 19 de enero de 2008.

...no importa que haya sido ella la que se fue porque me pilló comprando condones en la botica. Que no venga a hacerse la santa conmigo, porque yo la conozco y la he visto coqueteando y sé que le gusta que le admiren las piernas... Por eso es que me importa un pico que se haya ido; al principio podría haberme importado, quizás, cuando recién volvió de Ottawa; pero ya no. Pero ni siquiera entonces, porque ella podrá ser muy buena para señalarme a mí con el dedo, pero yo podría también recordarle todo el tiempo que se lo pasó con la cabeza metida en su maleta, sin abrirla apenas; todos los años que nos hemos pasado peleando con sus fantasmas, con sus recuerdos del Eaton, pobre compadre, durmiendo los tres juntos en mi propia cama, hasta que me aburrí de ser el que siempre salía perdiendo con sus absurdas, ridículas, comparaciones de mierda. Nicole podrá quejarse todo lo que quiera de mis cosas, de mi tomatera, de mi mal genio... del poco tiempo que tengo para pasar con ella, pero fantasmas o no fantasmas, neurosis o no neurosis, las fantasías en las que se revuelca la huevona... que no me venga a mí con huevadas; las infidelidades aunque sean en el puro mate de todas maneras son infidelidades, que no me vengan a mí con distinciones de esa loquera aprovechadora, parcial y sinvergüenza, que tienen poca diferencia... y eso es lo que la Nicole tiene que entender; que esta vez yo no quiero que vuelva, que estoy aliviado que se haya ido, que no voy a ir a Labranza a rogarle de rodillas de nuevo que vuelva. Quiero que entienda que esta vez no quiero que me perdone, que prefiero que no me perdone. No le quiero reprochar nada a ella, todavía la quiero un poco, pero no quiero que ella me reproche nada a mí tampoco. No quiero reprocharle a ella sus ridículas estravagancias domésticas; que no me reproche a mí con quién, ni dónde, ni cuánto tomo; sobre todo que no tomo tanto tampoco; son puras exageraciones de ella. En cuanto a lo otro, la verdad, Nicole, ...eso tú lo sabes de sobra.

—¡Sandrita!, encantado de verte.

—Gustavo, ¡adivina quién vino!

© 2014 - 2020, Román Soto Feliú.
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