Monche y Gustavo

Una larga conversación después de muchos años de espera.

Temuco, sábado 19 de enero de 2008.

Ya antes de decidirme a vender mi cabaña de Caburga y encontrar el diario de Monche, le había dado vueltas a la idea de escribir acerca de la noche de su reencuentro con Gustavo en la fiesta de Sandra. Sin contar el tiempo de su locura con Labarca, claro, Monche siempre estuvo enamorada de él cuando todavía estábamos en el colegio. Hacía casi veinte años que no se veían y mal podía imaginarse Gustavo cuando quiso sorprenderla con su chocante abordaje, que sería él quien saldría sorprendido. No sabía Gustavo que a mi amiga se le había agudizado aun más su facilidad de palabra y el ingenio.

Por mi parte, soy mejor para hacer fotos que para las descripciones muy largas y por eso, más por accidente que por diseño, mi relato se fue transformando en un diálogo aprovechándome al máximo de todos los detalles que Monche me contó la mañana siguiente y que, como todo lo de ella, memoricé al dedillo.

Armé el diálogo como si fuera una obra de teatro. Si llegara alguna vez a representarse me la imagino con un mínimo de decorado; no más que líneas gruesas dibujadas a tiza a la manera de un bosquejo sobre papel de envolver o de estraza, dejando que cada una de las espectadoras —o de las lectoras, si se da el caso— llene los espacios que faltan como puedan imaginárselo. Después de todo no se trata más que de una mujer y de un hombre, ambos ya de unos buenos años, que vuelven a pasar por los detalles semi olvidados de los que, aunque buena falta les hacía, nunca antes habían hablado.

No fue sino hasta después de la muerte de Mercedes y del fin de la dictadura que Monche tomó la costumbre de pasar cada tres o cuatro años sus vacaciones aquí en Temuco. De otra manera, vive ahora con Julio en el barrio de Lavapiés de Madrid en ese pequeño piso en la esquina de las calles del Calvario y de Jesús y María donde por fin la visité hace menos de un año. Eso de que el vodka no deja aliento se le ocurrió a la misma Monche una tarde en la que paseábamos, ya bastante cansadas, cerca de Atocha y cada vez que lo repito se me vienen a la mente diferentes y más complicadas interpretaciones.

1

Madrid. Un café de Lavapiés.

Monche escribe en su diario mientras espera a Julio, su pareja. Está en uno de esos viejos cafés madrileños con espejos inmensos en las paredes e iluminado por varios focos antiguos de luz cálida. Es cerca del mediodía de un día sábado de fines de enero de 2008. Aunque el café no está del todo vacío, solo podemos ver a unas seis a ocho personas sentadas en las mesas cerca del mesón.

No hace demasiado frío, pero hay una abundancia de abrigos, de bufandas y de sombreros. Por las ventanas que dan a la calle, podemos ver caer una suave llovizna mezclada con agua nieve.

Cerca de una de esas ventanas, al lado opuesto del mesón, sentada en una pequeña mesa redonda, en un primer plano y de cara a nosotros, vemos a Monche.

Monche es una mujer de poco más de cincuenta años, pelirroja, delgada y atractiva. Lleva botas negras y una amplia falda larga de algodón, probablemente diseñada en la India. Su blusa blanca, de lino crudo y escotada, deja ver su cuello adornado por un collar de abalorios y una cadenilla de la que cuelga una pequeña estrella de seis puntas de plata.

Escribe con gestos rápidos y enérgicos, deteniéndose de vez en cuando a pensar, en lo que parece ser su diario, mientras juguetea con su pelo y su collar con su mano derecha. Tiene la actitud de esas personas que ya hace un tiempo que han dejado de fumar, pero que claramente todavía lo echan de menos. Después de cerca de un minuto de comenzada la escena, Monche deja de escribir, nos mira directamente a la platea, y luego de una pausa, nos habla.

MONCHE

Temuco. La fiesta en casa de Sandra.

Corte mientras a la vista del público se arma la siguiente escena. Un gran living-comedor de una casa moderna cuidadosamente decorada. Todo en ella —los muebles, los cuadros, las cortinas— habla de inmensa prosperidad económica recientemente adquirida. Se escucha una música de fondo que podría ser jazz o quizás sea vagamente New Age.

Varios grupos de personas charlan animadamente mientras sostienen tragos en sus manos. Pueden verse bandejas con canapés y otros bocadillos en las mesas de arrimo.

Algunas parejas circulan de un grupo a otro; hay unas 14 a 18 personas en total, entre las que se encuentran Viviana con su pareja, Juliana. En la pared del fondo, un gran espejo multiplica las imágenes y hace que el salón parezca mucho más grande de lo que es en realidad. Varias lámparas de pie y de mesa intensifican los tonos cálidos y terrosos del decorado.

En el primer plano, un poco hacia la izquierda del observador, están Monche y Gustavo.

Gustavo sostiene una copa de vino en su mano derecha. Su pelo todavía es negro, pero ya con abundantes canas. Aunque no ya joven, conserva su porte atlético.

Monche lleva un vestido negro largo con la espalda descubierta y zapatos bajos del mismo color. Un collar de abalorios verdes hace juego con el brazalete en su muñeca izquierda.

Su melena pelirroja, controlada apenas por una cinta de seda morada, le cae frondosamente sobre los hombros.

Al comenzar la escena, Gustavo y Monche repiten sus dos primeras líneas.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

2

Monche y Gustavo caminarán las casi diez cuadras que separan la casa donde se llevaba a cabo la fiesta hasta el hotel en el que se aloja Monche. En su camino pasarán por un barrio de la ciudad que solía ser residencial, relativamente alejado del centro, silencioso, poblado con grandes casas de madera y jardines con árboles frondosos; pero que en los últimos años se ha ido transformando en un barrio comercial, con edificios de altura, centros comerciales, restaurantes, pizzerías y bares. Un cambio que refleja el descomunal crecimiento de la ciudad y su transformación demográfica.

Aunque ya es casi medianoche, Monche y Gustavo se encontrarán con numerosos transeúntes —muchachos y muchachas jóvenes— que caminan en grupos, dando grandes risotadas.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

En unos pocos pasos más Gustavo y Monche llegan al frente de una farmacia de turno.

Monche cambia la conversación, empuja la puerta y entra.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

3

Monche y Gustavo entran a la farmacia; una empleada soñolienta los atiende sin mucho entusiasmo, pero amablemente.

DEPENDIENTA

MONCHE

DEPENDIENTA

MONCHE

DEPENDIENTA

MONCHE

GUSTAVO

DEPENDIENTA

MONCHE

DEPENDIENTA

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Luego de la compra, Monche y Gustavo siguen su camino.

MONCHE

GUSTAVO

Mientras Monche y Gustavo continúan su camino, al otro lado de la calle se ve una de esas casas antiguas que antes caracterizaban al barrio. Monche toma a Gustavo de la mano y cruzan la calle. Con Gustavo a la izquierda de Monche se quedan mirando la vieja casa de madera.

Después de unos segundos, Gustavo hace un comentario.

GUSTAVO

Bruscamente Monche suelta la mano de Gustavo y se aleja unos pasos hacia la derecha mientras busca algo en su cartera.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Han llegado a la puerta del hotel la que está cerrada con llave.

MONCHE

Monche toca el timbre. Mientras esperan a que les abran la puerta del hotel, ella parece claramente molesta. Finalmente, Manuel, el conserje, les abre y ellos entran a un vestíbulo apenas iluminado por cuatro grandes bombillas fluorecentes que cuelgan desde el cielo raso. La atmósfera del hotel a esas horas de la noche es fría y azulada.

4

MANUEL

MONCHE

MANUEL

Luego de cruzar el vestíbulo, Monche y Gustavo miran de frente, quietos, mientras el ascensor imaginario sube hasta el piso de Monche.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

La habitación de Monche es amplia y cómoda con una cama matrimonial, un sillón, un par de sillas y un escritorio.

Una ventana da a la calle. La reproducción de “Desnudo sobre un sofá” de Modigliani adorna la pared. A la derecha se ve la puerta del baño.

Monche enciende dos lámparas que dan una luz cálida; luego se quita los zapatos mientras Gustavo se queda de pie.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Gustavo encuentra una cerveza en el minibar y la abre; después vierte dos copetines de vodka en un vaso con bastante hielo.

GUSTAVO

MONCHE

De pie, frente a frente y a muy corta distancia, Gustavo y Monche se miran fijamente a los ojos. Mientras él toma un pequeño trago de cerveza, Monche apura su vodka. Gustavo deja su botella sobre el escritorio y Monche hace lo mismo con su vaso casi vacío.

Continúan mirándose sin decir ni hacer nada hasta que el silencio se rompe con la voz nerviosa de Gustavo.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Monche posa delicadamente sus dedos sobre los labios de Gustavo. Se acerca hasta rozar su pecho. Suavemente desliza sus dedos sobre las mejillas y el cuello de Gustavo, al tiempo en que ambos se abrazan y acarician suavemente las espaldas.

Sus besos, primero dubitativos, después apasionados, se interrumpen intermitentemente con los susurros —o pensamientos más bien— entrecortados de Monche.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

Bruscamente, Monche se separa de Gustavo.

MONCHE

5

La habitación ha quedado a oscuras dejando invisible a Gustavo.

Ahora estamos en el cuarto de baño. De espaldas y frente al espejo, Monche suspira, se suelta el pelo, se quita el vestido y el collar; se enjuaga la cara con agua fresca y luego de secarse con una toalla, se pone un poco de loción en las sienes y se quita el sujetador; entonces se pone la bata azul marino que colgaba de un gancho.

Mientras comienza a atarse el cinturón de la bata, un rayo de luz cálida descubre a una joven Viviana (dieciséis a diecisiete años) sentada sobre el borde de la tina de baño.

Viviana lleva el pelo corto, casi como el de un muchacho, descalza, vestida con vaqueros desteñidos y una camiseta roja. Viviana enciende un cigarrillo y comienza a increpar a Monche.

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

VIVIANA

MONCHE

Monche se vuelve hacia el espejo. El rayo de luz sobre Viviana se apaga lentamente hasta desaparecer.

MONCHE

Monche se quita la bata; recoge del suelo una falda de lino blanco crudo que le llega hasta los tobillos y se la pone; mira a su alrededor y luego de coger una blusa del mismo color colgando del otro gancho en la pared se la pone también dejando que los faldones largos caigan libremente sobre la falda.

Se mira en el espejo y luego de dudar un momento, desabotona un botón de la blusa; por el escote puede verse la curvatura de sus pechos. Se mira nuevamente en el espejo y, después de un suspiro, desabotona el botón inferior de su blusa.

Al salir Moche del baño, Gustavo, que se ha quitado los zapatos, desabrochado la camisa y encendido un cigarrillo, la mira entre sorprendido y decepcionado.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Mientras Monche se acerca al minibar, las luces se apagan lentamente hasta quedar la escena en la más completa oscuridad y en profundo silencio por unos veinte a treinta segundos.

6

Al encenderse las luces, Monche está de pie y apoyada contra la pared; Gustavo está reclinado sobre el respaldo del sillón.

Hay un par de botellas de cerveza vacías sobre la mesa y otras de vodka.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

Se quedan en silencio por unos largos, interminables, quince o veinte segundos. Después pregunta casi con un susurro.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Gustavo la mira con desagrado; con un silencio largo, molesto por su insistencia.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

7

Sin interrupción con la escena anterior, Monche y Gustavo, de pie en medio de la habitación, estarán cada vez más enfadados el uno con el otro, levantando el tono de sus voces in crescendo hasta terminar casi gritándose.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

Monche, todavía no sé qué es lo que querías que yo hiciera.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

De pronto hay una profunda calma y la escena parece congelarse.

Mientras la palabra “labarca” se repite tres veces, las luces nuevamente van apagándose lentamente mientras una luz cenital azul cae sobre Monche que se ha situado a un costado del escenario.

Mientras ella declama su largo monólogo, se proyectan sobre una pantalla imágenes en blanco y negro “diapositivas o video” que ilustran su relato.

MONCHE

La luz cenital desaparece abruptamente. Gustavo se hace nuevamente visible e interrumpe a Monche con rabia.

Después el diálogo prosigue con calma; la voz de Gustavo mostrará progresivamente una profunda tristeza y angustia, mientras Monche alterna entre una ironía adolorida y una nostalgia triste.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

Las luces se apagan lentamente hasta quedar la escena totalmente a oscuras.

8

Al encenderse las luces de nuevo, Monche estará sentada sobre la cama mientras Gustavo sale del baño trayendo dos vasos de agua.

Luego de ofrecerle uno a Monche, se sentará en el sillón que da hacia la ventana. Los dos parecen cansados y por la ventana podrá comenzar a verse la luz del amanecer.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

Monche y Gustavo han quedado de pie en medio de la habitación. Mientras Gustavo todavía sostiene la mano de Monche, la mira a los ojos y hace el ademán de acariciarle la mejilla.

El gesto dura uno o dos segundos, pero ella suavemente lo rechaza.

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Monche retira suavemente su mano de las de Gustavo. Va al baño donde se quita la blusa para ponerse su sostén y su blusa de nuevo. Gustavo insiste en querer hablar.

El diálogo —con pausas— ocurre mientras Monche todavía está en el baño. Es posible que se sienta el sonido de la cisterna del váter descargando agua.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

Monche sale del baño todavía abotonándose la blusa. Sin sentarse, se pone sus zapatos. Rápidamente se mira en el espejo del cuarto y se alisa el pelo.

Gustavo la observa con un aire resignado.

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

MONCHE

GUSTAVO

Gustavo se pone sus zapatos y ambos salen de la habitación, apagando todas las luces por última vez.

Cinco días más tarde en Madrid.


✎ Alternativamente, lectora / lector puedes volver al índice...
... y escoger leer primero el diario de Monche del tiempo que pasó con Labarca y dar varios largos rodeos sobre las historias de los otros personajes de este cuento...
...antes de llegar hasta allí, esos cinco días después en Lavapiés.

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