Monche en Lavapiés

El 1 de julio de 1984, inmediatamente después del café del desayuno, Xavier le dio una bofetada a Monche y se fue de la casa.

anejas

—¿Son estas horas de llegar?

—No sabía que tuviera hora.

—Si no por mí, hazlo por tus hijos.

—También son tuyos.

—De eso, cada mañana estoy menos seguro.

—Vete a la mierda, Xavier.

Xavier y Monche.

Lavapiés, 1 de julio de 1984.

—El rollo nuestro fue un largo despedirse de a pedacitos, sin nunca decidirnos a nombrarlo.

—Pues tú sí que tienes suerte: mis despedidas son a bofetadas. No dejan lugar a dudas.

Elvira y Monche.

Santiago, 23 de junio de 1986.

Lavapiés, domingo 1 de julio de 1984.

Hoy por fin se ha acabado todo. Esa bofetada sella nuestro trato. Hace tanto tiempo que querías irte de veras, Xavier. Hacía tanto tiempo que ya te habías ido de mentira. Cansado, hastiado de mí. Nunca has podido decidir, amor, si te gustaba más que me vieran contigo o si te aterraba que yo también me mostrase.

Me arropabas. Me cubrías con tus brazos de gigante protegiéndome del frío y de la lluvia. Me arrullabas con tus palabras de canciones de cuna, de historiador sabio y de cuentista ingenioso. Aprendiste mis pesadillas de memoria. Restañabas mis mocos y mis lágrimas cuando perdida, asustada, confusa, desesperaba por Aníbal. Cuando en mis sueños y pesadillas una y otra vez aparece Labarca. Tu mano suave e inmensa sobre la mía; sobre mi espalda y mis pechos; sobre mi vientre... vientre como él; sí; como decía él... ¿qué quieres que haga? No puedo dejar de pensar en él. Él.

Te quise, Xavier; te quise cerca, pegado a mí; dentro de mí. Todavía te quiero, Xavier. ¿Cómo no quererte? Pero tú nunca fuiste ni quisiste ser completamente mío. Tampoco yo lo quise. Eso me hubiera aterrorizado sin remedio, sin medida. ¿Por qué entonces insistes en que yo solo sea tuya? No puedo, Xavier, no puedo. Con estos otros... casi nunca ha pasado nada serio con ellos, Xavier, y tú lo sabes. Entiéndeme: ninguno de ellos me importa sino para gritarte a tu cara que no puedo... por más que lo quisiera.

Y tú, Eliana, ¿cuándo cresta vas a ayudarme a deshacerme de esta culpa de mierda que me ahoga?


✎ Eliana sugiere que, una vez más, Monche escriba sobre Labarca.







© 2014 - 2020, Román Soto Feliú.
All rights reserved.
Puedes leer el texto y compartirlo con tus amigos o amigas, proporcionándoles un enlace a esta página;
no puedes reproducirlo o cambiarlo de ninguna manera ni usarlo con fines comerciales.

grosellas@tngnt.com