Grosellas


Anoche

Ramiro despierta y Elvira lo invita a desayunar al boliche de sus amigas de calle Rosas.

Santiago, sábado 14 de agosto de 1971

Duerme, duerme, Ramiro. Seguro que duermes contento. Te veo aquí, conmigo, desnudo, hermoso. Vi también tus ojos alegrados al entrar y ver esos dieciocho velones que calentaban mi cuarto. ¿Notaste mis mejillas sonrojadas? ¿Te sorprendió el aroma de la yerba? Jalaste, sonreíste. Rasgaste el papel de seda turquesa y pusiste Abraxas en mi tocadiscos: ...ich nannte es Mutter, ich nannte es Geliebte, nannte es Hure und Dirne, nannte es Abraxas.

Me viste.
Me viste descalza; viste el escote de mi blusa, los festones del borde amplio de mi falda; mi collar de abalorios.

Aunque intuías que me tendrías (y yo también a ti, mocoso lindo, no te creas otra cosa), tenías miedo; brillaban las gotas de sudor sobre tus cejas. Sonreí al sentir tu temor a ese misterio aun desconocido para ti, a ese rito salvaje e íntimo. ¿No pensaste acaso en esa Eva que buscas desde ya hace tiempo?

O acaso temías que después —o antes— de todo yo me escapase de ti?
Que aunque había sido yo quien te había pedido que me besaras...
Que aunque solo nos iluminaran esos velones azules...
Que aunque, yo descalza, estuviéramos los dos tendidos sobre mi cama...
Que aunque sonara cautivante tu música...
Que aunque nos embriagáramos tú y yo con ese profundo y dulce olor a incienso y a patchoulí...
Se te escapara esa primera vez de entre los dedos.

Dudaste de tu suerte, Ramiro, y entonces me empujaste con fuerza haciéndome doler las tetas!

—Chss, con calma, Ramiro, con calma; despacio, acaricia mis pechos con calma. Así, ¿viste?

—Chss. Con calma, Ramiro, despacio. Respira, respira. Así, ¿viste? Cierra los ojos y escucha a Santana, sigue su ritmo; sus frases largas; así: escucha. Despacio, despacio; no hay prisas, es para ti. Siente mis dedos, tócalos con tu lengua.

Chssss; demórate, Ramiro, demórate; despacio. Haz lo mismo conmigo ahora; no, no, no tan rápido; lento, leeento, este es un juego leeeento, Ramiro. Juguetea, juguetea conmigo; haz como si no quisieras tocarme. Así; déjame mostrarte. Así. Desabotona cada botón despacio, uno por uno, despacio. Así. ¿Ves? Lento. Lento, Ramiro. Demórate.

Chss. Con pausas, Ramiro. Relájate; respira tranquilo, respira, tiéndete, espera; espera. ¿Ves? ¿Te gusta verme? Tócame; despacio, suave; no, no tan rápido. Bien, así, despacio. Qué delicia. Escucha esa guitarra, sigue su ritmo, es tuya; movámonos despacio; así. Bien, bien. Respira; huele, huele mi perfume, mi patchoulí, el incienso, mis dedos húmedos, mi musgo, mis algas.

Bien. ¿Te gusta mi pelo? ¿No te hace cosquillas? Despacio, Ramiro; escucha: t'estimo molt. No te asustes. No. Hagamos que dure; no hay prisas; tenemos tiempo, toda la noche; todo el tiempo del mundo; tócame, respira. Piensa en un tiempo infinito, imagínatelo eterno. Bien. Entra. ¿Te gusta, loco lindo?

Ramiro, bien, bien; no, no te asustes, no te asustes; sigue, sigue; no importa, sigue... Sigue. Bien, bien, lindo; dame un beso. ¿Te gustó, Ramiro?

—¿Despertaste?

—Mm, mm.

—¿Tienes hambre?

—Mm, mm.

—Levántate y vamos a tomar desayuno donde mis amigas de calle Rosas.


♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦


[Los tejados de calle Rosas: un rizo a una página del Salpicón; texto de Rodrigo Erazo Reyes (1998).]
🎵 Una canción del elepe de Abraxas que Elvira le regaló a Ramiro para su cumpleaños.

Última modificación: 30 de mayo de 2022.



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