Grosellas

Come share of my breath and my substance
And mingle our streams and our times
In that infinite moment
Our reasons are lost in our rhymes
Greg Lake
The Sage
(Pictures At an Exhibition)

Instante eterno

El eterno que dura un segundo suspendido en el tiempo.

Santiago, sábado 14 de agosto de 1971

“...imagínatelo eterno” —le dije anoche el momento antes de lo que no tengo duda alguna fue su más delicioso regalo de cumpleaños.

Que yo disfruté de una manera también exquisita, y no puedo dejar de pensar que algo quedaba ahí de lo que, hace una eternidad de tiempo, me enseñó a mí ese hijo de puta de Carlos Labarca.

Un instante en el que se detiene el tiempo, un segundo que es eterno, porque en medio de ese segundo, portentosamente, sientes que no estás sola, que estás ahí de verdad con ese otro; juntos.

Anoche, yo con Ramiro y él, estoy segura, conmigo.

Ese instante delicioso, irrepetible, a la vez eterno y fugaz; aunque lleno de dicha, despiadadamente doloroso.

Al momento en que has alcanzado ese instante, te das cuenta de que ya lo has perdido, que ya es pasado. Apenas un recuerdo.

¿No fue eso lo que escribió Parra?

“Lo queramos o no...”

Bla, bla, blá.

Soledad y tiempo.

Una flautista, una bailarina, una mima, una poeta, una druida, derramando fragmentos suyos por las calles, por los bosques y por los lagos; por el mercado, por los hospitales y por los prostíbulos, anhelando alguien que los encuentre, los escuche, los vea, los huela, los guste, los sienta.

Encuentros sin tiempo.

¿Qué tal ese título para mi poemario?

¡Cuánto me regañaría Aníbal por mi “pequeño burgués” deseo de querer suspender el tiempo o, como él diría, negar la Historia.

Hoy, precisamente hoy, la mañana después de la noche en la que desvirgué a Ramiro.

Hoy, precisamente hoy, la mañana en la que en ese boliche de las hermanas catalanas de pasado anarquista de calle Rosas, le enseñé a Ramiro a comer escalivada y migas con huevos fritos, mientras en la radio anunciaban la muerte anoche de Luciano Cruz.

Del bloc de Elvira


Anoche.

Los tejados de calle Rosas: un rizo a una página del Salpicón; texto de Rodrigo Erazo Reyes (1998).

Última modificación: 9 de noviembre de 2022.



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