Quevedo: el poema del pedo
Francisco de Quevedo
La voz del ojo que llamamos pedo
(ruiseñor) de los putos, detenida,
da muerte a la salud más presumida,
y el propio Preste Juan le tiene miedo.
Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida,
con pullas y con risas da la vida,
y con puf y con asco, siento quedo.
Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,
de dar la vida y dispensar las Parcas.
Pues en el tribunal de sus gregüescos,
con aflojar y comprimir las arcas
cualquier culo lo hace con dos cuescos.
Francisco de Quevedo
La voz del ojo que llamamos pedo
Preste Juan: legendario (muy probablemente ficticio) emperador de Etiopía.
Se nombra para ponderar riqueza, poder, etc.
acedo: ácido, agrio
tudescos: alemanes;
alude a la guardia alemana de los Austrias
gregüescos: calzones, calzoncillos
arcas: en este contexto, nalgas
cuescos: pedos ruidosos
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Un café con leche.